Leyendo y poniendo en práctica a la vez, las distintas herramientas o alternatvas de colaboración que forman parte del llamado Aprendizaje Informal, difundido por uno de sus principales gurús Jay Cross; descubro acciones y omisiones que se presentan comúnmente en las empresas cuando una persona ingresa a un puesto de trabajo.
En los conocidos “procesos de inducción” resultan fundamental no sólo la clásica presentación power point corporativa, o en el mejor de los casos -si la compañía así lo dispone- el curso de inducción en sus modalidades presencial o vía eLearning. Estos elementos pueden apoyar el proceso de ingreso y adaptación de los nuevos empleados, trabajadores o colaboradores, pero no sustituyen la transferencia de la experiencia que se realiza informalmente, cara a cara en encuentros de pasillo, reuniones de almuerzo o a la salida del trabajo.
Concientes de esta realidad, algunas empresas apoyan sus procesos de inducción mediante sistemas de tutorías que permiten al “novato” hacerse una idea más cercana y real mediante la transferencia personal de un miembro de la institución ya asentado.
Pero ni aún así la colaboración que se crea para que ese proceso de inducción sea provechoso resulta del todo si quien hace la tutoría es o se siente un superior y no un par.
Respecto del sistema de tutoría viví una experiencia esclarecedora en tal sentido. Corría el año 2000 y en mayo me integré a un e-builder llamado Amtec (de origen argentino)que hoy es Neoris. La empresa se estaba formando en Chile, y como parte de la estrategia de inducción a quienes la fundamos en Chile, nos llevaron a Buenos Aires y Rosario, donde se encontraban los polos comerciales y productivos respectivamente.
En mi caso particular tuve como tutor a quien dirigía el Area de Arquitectura de Información en Amtec Argentina. Si bien, esta persona era un “par” mío, pues ostentaba el mismo cargo que yo tenía en Chile, su postura era la de un real mentor con rasgos protectores. De su labor no puedo quejarme, pues me ayudó en todo lo relacionado con bibliografía, metodología y conocimiento de la empresa. Sin embargo, no hizo mayor transferencia en relación con la forma de llevar a los clientes, ni menos como relacionarme con el resto del equipo de trabajo, elementos que aprendí observando al participar en reuniones que, en su mayoría, se realizaban en Buenos Aires.
Lo increíble de todo es que el último día de mi estadía en Rosario, las chicas (puras mujeres) que trabajaban con mi tutor, me prepararon una despedida y me pidieron disculpas por no haberse atrevido a romper la barrera que creaba su jefe y haberme transferido más información.
Con sólo esta conversación, de ahí en adelante surgió una comunicación increíble con las chicas argentinas, la que se manifestaba mediante canales de colaboración informales tales como Messenger (que estaba difundido y consolidado como medio de comunicación en la empresa), los e-mails personales y en ocasiones las llamadas telefónicas. A través de estos canales se creó mucha complicidad entre nosotras, la que después se tradujo en instancias de cooperación en trabajos fuera del país, o en visitas a Chile.
Finalmente, otra experiencia que me tocó vivir se relaciona con un proceso de ingreso un tanto truncado, pues en mi búsqueda de referentes me topé con un interlocutor no válido para los temas que tenía que resolver. A eso se sumó que el líder de esa empresa justo se fue de viaje para la época de mi ingreso, lo cual me generó desorientación y una falta de alineación con los objetivos pilares de la compañía. Resulta clave entonces darse el tiempo para hacer una suerte de observación participante cuando se ingresa a una organización, y saber validar y otorgar el crédito necesario a quienes real y finalmente lo tienen internamente.
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MD