Examinando la siguiente definición sobre trabajo colaborativo me surgieron una serie de dudas sobre la efectividad que tienen determinadas plataformas tecnológicas al servicio de las organizaciones, si las acciones que allí se impulsan no son lideradas por una suerte de “animador” a modo de moderador de las listas de discusión.
La definición dice: “No cabe duda de que la colaboración es un proceso en el que, de forma más clara, tienen cabida todas las formas posibles de interacción y creación del conocimiento: de tácito a tácito (socialización), tácito a explícito (externalización), explícito a tácito (internalización) y explícito a explícito (combinación).
Es precisamente sobre este último donde debieran generarse las sinergías necesarias para incrementar y enriquecer el conocimiento. Tras esta premisa debe existir la voluntad de compartir: opiniones e ideas de quienes forman parte de la institución u organización que comparte el conocimiento. Los programas o plataformas tecnológicas no siempre generan los momentos o instancias para ese compartir exponencial que debiera producirse cuando dos o más personas comentan sus reflexiones. En mi opinión, no basta con colocar un foro o “hacer andar” una herramienta colaborativa como puede ser un blog o una intranet.
Necesariamente debe haber gestores del conocimiento que armonicen los esfuerzos de las personas, motiven elevando las ganas del resto a construir más y mejor conocimiento, y -finalmente- organice y sistematice todo ese conocimiento en un cuerpo o ente útil para proyectos y empresas.
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MD