Vida Digital 13 entradas

¿Para qué reciclamos lo que reciclamos?

0 PUBLICADO EN Vida Digital EL 4 de Noviembre de 2011

La mañana del lunes pasado, lunes 31 de octubre, salí a caminar temprano por mi barrio. En Chile era feriado. Llamó mi atención ver un camión de la basura sacando la desechos de un restaurante de una conocida cadena de comida rápida en día festivo. De toda la basura que se lograba ver (porque las bolsas se abrían solas), había una buena cantidad sujeta de ser reciclada: cajas de cartón, papel, servilletas, vasos, envases de plástico, entre otros.

Me detuve a mirar por curiosidad y por el ruido que hacía el camión con sus descargas en una plácida mañana primaveral. El camión no era municipal, con lo cual sospecho se trata de una recogida especial de empresa privada. Miré también porque me indignó ver tanta basura  posible de reciclar “a la basura” cuando llevo al menos 3 años reciclando persistentemente mi basura domiciliaria.

Está claro que por volumen y cantidad, mi contribución es un grano de arena, en comparación con restaurantes, empresas e industrias. Seguramente, lo que reciclo al mes debe corresponder a lo que un local de comida podría reciclar en sólo un día. Y sin embargo, no lo hacen. Esta empresa de comida chatarra seguramente en Chile no tiene ninguna política de RSE que fomente medidas ambientalistas o ecológicas. Y si la tiene, a sus ejecutivos se les debería caer la cara de vergüenza si supieran lo que en este confín del mundo, que es Santiago de Chile, se hace con la basura.

Ya me tenía acostumbrada este local a ver restos de hamburguesas y papas fritas repartidas por el suelo en las cercanías del restaurante cada fin de semana cuando salía a trotar. Producto del carrete, se ve los jóvenes hacen otro tipo de “botellón”: el “hamburguesón nocturno” que debe engordar tanto como el alcohol. Ver ahora el derroche de papel, de cartón, de plástico que se va a la basura, igual es tan patético como tener que esquivar sus papas fritas desechas mientras intento trotar por la vereda.

Esta inconsciencia empresarial no me desmotiva a seguir reciclando. Lo seguiré haciendo pese a lo difícil que resulta para los ciudadanos chilenos. A diferencia de la mayoría de las ciudades en Europa, donde los recolectores están separados por tipo de basura a reciclar: vidrio, papel, aluminio y plástico (como mínimo); en Chile sólo hay un puñado de puntos de recogida. Algunos supermercados cuentan con puntos limpios o recolectores de fundaciones y ONGs. Estos últimos dan pena. Entre que pasan llenos (lo que supone, que nunca los retiran o descargan), o están en mal estado, malo olientes, rayados con grafitis o a punto de romperse…

Para reciclar en Santiago de Chile hay que ser rico en verdad. Hay que comprar basureros especiales y habilitar algún espacio en la casa para colocarlos. Ni el Estado ni los municipios proporcionan basureros o bolsas de reciclaje para la el hogar. Uno tiene que tener auto para dirigirse a algún punto limpio. Y lo más caro de todo: el tiempo. Hay que tener tiempo o hacérselo para reducir y separar la basura y destinar al menos media hora al mes para dejar lo reciclado.

Y entonces ¿para que reciclas lo que reciclas? Sinceramente en un país en vías de desarrollo como se supone es Chile, para crear hábito en mis hijos y demostrar con el ejemplo, ya que sinceramente aspiro a que en 15 años más cuando ellos tengan su propio hogar, ya existan reglamentos y leyes que obliguen a los ciudadanos a hacerse cargo de su propia basura. Sólo nos queda educar.

Ciberadictos

0 PUBLICADO EN Vida Digital EL 18 de Octubre de 2011

La vida supersónica que siempre soñé se está acercando en lo tecnológico. Culturalmente su aplicación en la vida cotidiana, ya no me atrae como cuando era niña. Mi sueño se amarra con la promesa de Alvin Toffler de que con la adopción de tecnologías de la información ganaríamos tiempo libre y de ocio. Sabemos que eso es una falacia. Hoy somos esclavos del tiempo.

Vivimos pegados a nuestros smarthphones dejando de lado incluso las relaciones humanas. O que tire la primera piedra quien niegue que ha dejado de mirarle la cara a un amigo o colega que tiene sentado al frente por mirar los mensajes de texto o el correo que llega a nuestro iPhone o blackberry. Leí con asombro en el suplemento Tendencias de La Tercera del sábado recién pasado, sábado 15 de octubre de 2011, que el 44% de las personas que tienen smartphones lo dejan al alcance de la mano mientras duermen. La mitad de los usuarios dormimos de corrido, ¿la otra mitad dormirá a saltos?

El mundo global, la conectividad y otros supuestos beneficios de la aldea global orientados a transformar las supercarreteras de la información en “autopistas de tiempo libre” son mentiras. Esto no tiene que ver con una crítica a la tecnología por sí misma. Alabo todo lo relacionado con la apertura al conocimiento que ha traído aparejado especialmente Internet. Sin embargo, soy descreída de los beneficios en un 100% porque la obsolescencia tecnológica conlleva una obsesión por el consumo. Una sociedad de consumo de la cual estoy hastiada.

Y es aquí donde quiero detenerme: en el consumo y en la lógica funcionalista de las grandes empresas por formar personas débiles de carácter que sólo se sienten más si poseen más. Que sólo son señores de sí mismos si están a la última moda, con el último coche, con el último perfume que salió al mercado. Y claro dentro de ese consumismo, en medio estoy yo también. Para que lo vamos a negar ;-) Y es que esto no es una crítica a quienes consumimos. Es una crítica al sistema neoliberal, donde todo los bienes son tranzables y de consumo, hasta la educación como diría un presidente por ahí ;-)

Las grandes empresa no van a cambiar, pero sí pueden cambiar las personas. En el amplio sentido de la palabra somos personas. Más allá de nuestro rol de consumidor de tecnologías, hay una persona que debemos invitarla a reflexionar, a aprender, a informarse y a tomar decisiones de las cuales después no se arrepienta. El costo de los productos ya no es tema. Casi todo lo que compramos es desechable. Demos enseñar entonces respecto del coste / oportunidad.

Si el tiempo se monetiza, entonces deberíamos pensar nuestro tiempo en HH como hacemos los consultores. ¿Cuánto valen 10 minutos de juego con mi hijo pequeño versus 10 minutos revisando e-mails? ¿Cuánto valen 30 segundos de concentración manejando con niños, versus esos 30 segundos mirando e-mails en nuestro celular? Son 30 segundos en los que podemos chocar. Y como la experiencia es intransferible, hasta que no nos pasa, no nos lo tomamos en serio.

No hablo de desengancharnos. A cada cual le molestará más o menos el uso y abuso de los aparatos tecnológicos en nuestra vida diaria. Yo me refiero a otra cosa, a la pérdida de concentración en cosas realmente importantes, como hablar con nuestros seres queridos a los ojos y no cabizbajos revisando correos ;-) Se avizora mucho negocio para los traumatólogos. A estas alturas, la torticolis seguro debe ser una causa significativa de baja médica, ¿no?

Democratización y extendido uso de una dupla ganadora: Smartphones y redes sociales

0 PUBLICADO EN Vida Digital EL 15 de Octubre de 2010

El domingo pasado mi nana (empleada o persona de la limpieza en Chile, “chacha” como se conoce en España) llegó a casa después del fin de semana largo preguntando por la clave wifi. Puse cara de plop porque en verdad no entendía para qué la quería. Muy simple: ella necesitaba la clave para conectarse a Facebook a través de su Blackberry. Me asombré, pero de inmediato le dicté la clave.

Puede sonar clasista, pero me alegró saber 2 cosas. Dos cosas que otrora no eran tan comunes en mi país: la democratización y facilidad de acceso de los smartphones entre la población, sin importar segmento social, ni profesión, ni siquiera nivel educacional; y en segundo lugar, cuán extendida están las redes sociales entre la población. Seguir leyendo

Aniversario Nº 7: Cogito, ergo sum

0 PUBLICADO EN Vida Digital EL 10 de Junio de 2010

En un frío invierno de 2003, un 25 de julio exactamente, comencé a escribir este blog. Bajo inspiración cartesiana, con “Cogito, ergo sum” pretendí dar vida a mis pensamientos orquestados sobre la disciplina que me tiene ocupada desde 1999: la Arquitectura de Información (AI).

Pienso, luego existo, es la máxima de las dos personas más brillantes y por lo mismo más neuróticas que he conocido jamás. Curiosamente, ambos nacieron un 21 de diciembre. Genios locos o no, lo cierto es que me animaron a hacer del pensamiento una responsabilidad en cuanto a que éste sólo puede evolucionar en la medida que se estudia, se cuestiona, se discute y se teoriza en torno a hipótesis, posturas, descubrimientos y refutamientos. Tanto, que resulta en varios casos, una tarea bien “pajera” con las disculpas por la expresión.

A diferencia de otros blogs, donde sus autores escriben a diario, en el caso de “Pienso, luego existo”, sólo he podido hacerlo mensualmente, y a veces un poco más seguido, ya que mi objetivo más que difundir noticias o novedades, que sin duda hago, es exponer un tema que vivido y tratado empíricamente por mi, rescata los mitos y verdades de la teoría, en torno a la joven disciplina de la AI.

En los primeros años, casi todo se relacionaba con Experiencia de usuario, usabilidad, diseño de información y resto de variantes en torno a la arquitectura de información.
En los últimos años, y como proceso natural después de muchos post sobre el mismo tema, he conducido mis reflexiones hacia la categoría que he llamado “Vida digital“. Con este rótulo he querido reunir todas mis cavilaciones respecto del mundo globalizado e hiperconectado que vivimos; sobre cómo lo asume la gente y como yo -con una historia digital más larga que el común de la gente- lo asimila. Seguir leyendo

Supply chain management y experiencia de consumo online

0 PUBLICADO EN Vida Digital EL 6 de Octubre de 2009

Corría septiembre de 2001 aproximadamente cuando la empresa e-builder donde trabajaba, nuestra añorada Amtec, anunció que sería comprada por Neoris una consultora de negocios con otro enfoque. Dentro de la “evangelización” interna que realizó la empresa que nos compraba, estaba la explicación de que ahora haría consultoría en supply chain management (SCM). Por ese entonces, la “palabreja” en cuestión costaba entender en medio de nuestro enamoramiento por User Experience, pero la debacle de las punto com nos obligaba a tratar de entender de qué iba este servicio. Sinceramente, no alcancé a internalizarlo. Bastaron 4 meses para borrarnos el sueño y el área de User Experience se cerró.

Voy más allá de la anécdota por el término supply chain management. En términos sencillos SCM consiste en el proceso de planificación, puesta en ejecución y control de las operaciones de una red de suministro para satisfacer las necesidades de los clientes de forma eficaz y eficiente. Algo así como la usabilidad aplicada a los procesos de inventario, suministro y reposición de productos.

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Realidad aumentada

1 PUBLICADO EN Vida Digital EL 4 de Octubre de 2009

A diferencia de la realidad virtual, que consiste en una interfaz electrónica que genera entornos sintéticos en tiempo real creando una realidad ilusoria, la realidad aumentada añade información virtual a la información física ya existente. Al mundo real agrega datos de alto valor que permite enriquecer finalmente el conocimiento que puedo tener respecto de un objeto u entorno.
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Agenda setting para la red social

2 PUBLICADO EN Vida Digital EL 12 de Mayo de 2009

Busco buenas prácticas de presencia de marcas en Facebook. Algunos rubros piden fórmulas mágicas para que -cual copy & paste- puedan estar presentes en la red social que más encanta a los chilenos. Reviso el panorama nacional. Repaso la presencia de empresas como EntelPCS, Movistar, VTR, Telefónica, Paris.cl y Falabella. Intentó rebuscar en el panorama internacional y recurro a los líderes en venta y presencia online: Amazon, Target, Overstock, Dell, Apple, Toyrus, Target y HP, y otras marcas como Zara, Barrabés, Threadless o H&M.

“Vitrineo” y nada me convence, pero saco las siguientes conclusiones:

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Del lenguaje Logo a la Web 2.0

1 PUBLICADO EN Vida Digital EL 22 de Junio de 2008

Corría 1989. Estaba en tercero medio en el colegio y motivada por mi profesora de física, que también hacía clases en la Universidad de Chile, tomé un taller de computación como actividad extraprogramática. Mi profe rayaba contándonos como fue su experiencia al usar el primer computador que llegó al país y cómo éste se mantenía casi “refrigerado” en una sala especialmente acondicionada.

Al final del taller me quedó claro que ese mundo donde querían enseñarnos a programar en lenguaje Logo, de “ctrl + alt + n”, y de pantallas oscuras y letras verdes, así tal cual no llegaría nunca al común de los mortales.

En la universidad me relacioné con programas de texto, pero básicamente para las clases de redacción. Los computadores por ese entonces se veían más como un reemplazo sin “liquid paper” de las vetustas máquinas de escribir.

En 1994 -siempre lo cuento ya sé ;-) - Mario Boada, hombre pionero en la señal de Canal 13.cl, nos mostró Internet a los alumnos que tomábamos el curso “Producción de Televisión”. De producción de TV aprendí re poco, pero desde esa fecha no a parado el descubrimiento constante de lo que es y se vive en Internet; donde me he debido adaptar el caótico y cambiante mundo de Internet, y compaginarlo con mi estructurado esquema mental.

Suelo perder la distancia y me cuesta reconocer los tremendos cambios que ha habido desde ese 1989 y 1994, a la fecha. Reflexionando y poniendo a prueba durante dos semanas dos sitios emblemáticos de la Web 2.0 (Facebook y LastFM), ahora comprendo mejor por qué he perdido esa capacidad de asombro y soy descreída ante fenómenos sociales como éste.

Desde 1994 he estado investigando y trabajando en Internet con un pie en calidad de receptora, y el otro como emisora. Puede sonar fanfarrón, pero he sido más protagonista de los cambios que ha sufrido Internet que mero testigo. No sólo porque con mi trabajo he participado en la definición de sitios web en éste, el final del mundo; sino porque con mi participación y generación de contenidos he alimentado la telaraña que es la WWW y mi navegación ha sido un grano de arena en el cosmos de Internet.

Más allá del eslogan creado por Dale Dougherty de O’Reilly Media en torno a la Web 2.0, lo cierto es que la socialización de los contenidos en Internet está permitiendo no sólo que las bases de datos se alimentan de contenidos aportados por los propios usuarios, sino que las personas nos veamos beneficiadas realmente de las recomendaciones y experiencias mutuas.

Se genera además un discurso o meta discurso entre quienes se encuentran en línea; una comunicación que en algunos casos es insostenible en la vida presencial. ¿Tendríamos esa desfachatez de preguntar de forma asertiva y directa sino fuera porque existe un Facebook que lo permite? No me refiero a ese sitio en particular, sino a la plataforma que canaliza esas comunicaciones.

¿Podríamos comunicarnos sin complejos con nuestros ex novios que hoy se encuentran fuera de Chile, y preguntarles por amigos en común? ¿Seríamos capaces de traspasar tantos datos freakies de música y saber que esos freakies que tienen tus mismos gustos musicales están en Berlín o Camboya y viven situaciones y momentos similares a los tuyos?

Más que una reivindicación del fenómeno, escribo para reflexionar sobre los reales beneficios que podemos obtener al fin de una red que estuvo tan distante de las personas comunes y corrientes, y que hoy es el momento de aprovecharla como fuente documental, medio de comunicación, canal de contactos y generadora de comunidades de intereses. Y todo, claro, rompiendo las tradicionales barreras de acceso queda el tiempo y el espacio material.

Facebook: ¿una red social?

1 PUBLICADO EN Vida Digital EL 15 de Junio de 2008

Me resistí a registrarme en Facebook durante casi 2 años, cuando oí a Gene Smith, consultor canadiense, fundador de nForm, hablar por primera vez de este emblema de la Web 2.0.

Ante mi natural escepticismo respecto de los objetivos de una red que dice congregar y comunicar a amigos, me incliné por la invitación que el propio Gene gentilmente me hizo a sumarme a LinkedIn. Otra red que reúne profesionales con intereses en común, pero donde el provecho académico, laboral, vía contactos, está declarado y transparentado.

Me sumé a Facebook hace 1 semana y ya tengo 104 amigos en la red. Me imagino son pocos considerando los centenares e incluso miles que debe tener gente que lleva más tiempo registrada o derechamente que es más sociable y tiene más amigos.

En este corto tiempo, como experiencia rescato:

1. es impresionante el grado de respuesta que tiene la gente para sumarme como su amiga. Me registré un sábado por la tarde y a través de mi blackberry observé atónita la rapidez con que la gente me confirmaba como su amiga. Sin duda, por la carrera que he trazado desde 1999 y el hecho de navegar desde 1994, mi red social está compuesta por heavy users, poco representativos de los amigos “normales/tradicionales” que se podría esperar tener.

Entiendo que esta alta tasa de respuesta, incluso en una noche de sábado -donde yo suponía, todos estaban carreteando- está “contaminada” por las particularidades de mis amigos y conocidos.

2. justamente por lo anterior, estoy cierta que quienes se interesan por este tipo de comunidades, son personas altamente sensibles y susceptibles a las nuevas tecnologías que no dudan ante la idea de sumarse a una plataforma de contactos que está de moda y que casi nos hace sentir tontos si no lo estamos.

El punto es quienes nos resistimos hasta ahora a sumarnos, ¿qué beneficio nos ha traído? Sí tal vez enterarme de las novedades de mi amiga Antonieta que está en Nueva York y que es una ingrata porque nunca me escribe. O de otra ingrata como mi hermana Cariko que viviendo en Santiago du Chili no se digna a llamarme por teléfono, pero sí que me cuenta sus novedades por Facebook.

Si es por ponerme al día de mis amigos/familiares mal agradecidos, pues bienvenido Facebook ;-)

3. mis contactos/amigos de Facebook tienen una dimensión física-material precisa. Son ex compañeros de la universidad, ex compañeras de curso, ex compañeros de múltiples trabajos anteriores, actuales colegas, amigos, familiares, o a lo sumo gente con la que he trabajado a distancia, pero que me encargado de conocerles sus caras.

Pensando en otras generaciones, que ahora mismo están sumando gente que en su vida se ha encontrado, ¿qué tipo de red están construyendo? ¿pondrán en paralelo sus relaciones reales con las virtuales? ¿cuánto más se entretendrán con sus amigos virtuales? ¿cuán perfectos son ellos e imperfectos los del mundo offline?

4. más allá de sus pretensiones por apalancar comunidades de amigos, está claro el provecho que el marketing está sacando a Facebook no sólo vía publicidad online y creación de personajes como el perrito de Lipigas o Chispita de Chilectra, sino por el enorme contingente de información que está obteniendo de nuestros registros. Un poco de inteligencia comercial y datamining permite estar sujetos a todo tipo de indicaciones y consejos que no siempre estamos interesados en recibir.

La única iniciativa que Facebook no consiguió por ser declaradamente invasiva por los propios usuarios fueron las afiliaciones sociales con links a recomendaciones, donde claramente el link perseguía fines derechamente comerciales. Pero si ya somos sujetos de un cruce comercial, ¿qué tiene realmente de malo recibir consejos de tiendas online? Si precisamente nos perfilamos como heavy users, ¿qué hay de malo en conocer lo que compra/recomienda un amigo mío?

5. la superficialidad con la que una red como ésta puede tomarse depende del uso que cada persona haga de ésta. Pasada la experimentación por la que quería pasar, estoy cierta que si me trazo objetivos concretos de relación puedo conseguir cosas tan concretas como reencontrarme con viejos amigos, presentar a gente que puede ayudarse entre sí, o comnunicarme con gente que siento desconectada de mi vida cotidiana.

Cuánto de esto realmente me importa como para destinarle un tiempo no despreciable, es el punto que tengo que evaluar. Cuánto destino a mi red de amigos “en red” versus a los que puedo tocar y ver, es un tema personal que me imagino los registrados en Facebook también se cuestionan.

Robo en Starbucks: Experiencias de consumo que marcan

6 PUBLICADO EN Vida Digital EL 11 de Mayo de 2008

Desde que en 2004 se instaló el Starbucks de Costanera 2777 -cuando por ese entonces yo trabajaba en el Edificio de la Industria-, que acostumbro pasar a tomar un café y en muchas ocasiones a trabajar con mi notebook o coordinar reuniones en esa cafetería.

La experiencia de consumo que ofrecen nunca me convenció del todo:
1) Lo de hacer fila para consumir un simple café
2) Dar mi nombre y que pocas veces lo entendieran y escribieran bien
3) El hecho de tener que esperar por el café y que no pudiera instalarme con mi computador ante el miedo de dejar el equipo solo y que me lo robaran
4) Ante errores en un pedido y toda vez instalada en una mesa, tener que moverme con todo lo que ando trayendo para reclamar el pedido.

Estas son algunas de las variables que siempre me incomodaron.

Sin embargo, volvía claramente por sus bondades:
1) Un servicio amable
2) Un producto de calidad y aunque el café no destaca precisamente por su poder aromático, la cantidad de leche de los “lates” la usaba como  una forma de “matar el “hambre” de media mañana.
3) Conexión a Internet gratuita.
4) Un ambiente relajado donde te puedes encontrar tanto con amigos, como con colegas y tener reuniones de trabajo.

En efecto, antes de contar con oficinas propias, los Starbucks nos sirvieron como punto de trabajo y reunión.

Sin embargo, este viernes 9 de mayo recién pasado, lamentablemente fui víctima de un robo en la cafetería que está en Magdalena con Isidora Goyenechea y las aprensiones que ya tenían se confirmaron.

El ambiente relajado que ofrecen sus sillones, sirvió para que en un descuido de segundos -porque así lo demuestran los videos- me robaran mi cartera. Entiendo que no es responsabilidad de la empresa velar por las pertenecias de sus clientes. Pero sí creo que es responsabilidad de Starbucks cuidar respecto de quienes entran a sus dependencias.

Tal como está filmado, los 2 chicos que me robaron me siguieron todo el rato del cambio de mesa que hice. No consumieron nada y se movieron sospechosamente. La práctica que tienen otros cafés de tener guardias me parece justo y necesario.

No culpo a la empresa, pero sí creo que pensando en el precio (no precisamente módico) que cobran por un sencillo café, deberían tener la práctica de derecho de ingreso a sus locales.

Como me dijo una amiga ayer: “el problema Malisa es que el público del Starbucks es otro, son chicos jóvenes”. Creo que tiene razón, por más que los Starcucks del sector de El Bosque se llenen de ejecutivos como yo, sus dependencias no están preparadas para proteger a sus consumidores.

Claramente no estamos en el living de nuestra casa y esa es una ilusión de confort que no se acompaña de la debida seguridad.

Agradezco a la gente del local de Magdalena que intentó ayudarme en un principio, pero siento que se desentendieron bastante del cuento después y que realmente no hubo interés por asesorarme.

Escribo estas líneas porque no quiero ninguna otra mujer pase por situaciones tan terribles como ésta donde somos pasadas a llevar, donde no sólo nos roban y perdemos nuestros documentos, móviles, lentes, llaves, y objetos personales; sino donde quedamos vulnerables y -en mi caso- agudizo mi desconfianza a chiquillos jóvenes que andan con mochilas. Nunca se sabe si pueden ser el pololo de tu hermana, o el próximo ladrón que te quiere robar…

Perfil

Malisa Gutiérrez
Socia y gerente general de Multiplica Chile. Consultora de negocios especializada en estrategia digital y arquitectura de información. Periodista, Universidad Diego Portales. Magíster en Comunicación Audiovisual, Universidad Autónoma de Barcelona. Es coautora del libro “Hacia la herramienta educativa universal: Enseñar y Aprender en Tiempos de Internet”, editorial Ciccus-La Crujía, 2000.

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