En un frío invierno de 2003, un 25 de julio exactamente, comencé a escribir este blog. Bajo inspiración cartesiana, con “Cogito, ergo sum” pretendí dar vida a mis pensamientos orquestados sobre la disciplina que me tiene ocupada desde 1999: la Arquitectura de Información (AI).
Pienso, luego existo, es la máxima de las dos personas más brillantes y por lo mismo más neuróticas que he conocido jamás. Curiosamente, ambos nacieron un 21 de diciembre. Genios locos o no, lo cierto es que me animaron a hacer del pensamiento una responsabilidad en cuanto a que éste sólo puede evolucionar en la medida que se estudia, se cuestiona, se discute y se teoriza en torno a hipótesis, posturas, descubrimientos y refutamientos. Tanto, que resulta en varios casos, una tarea bien “pajera” con las disculpas por la expresión.
A diferencia de otros blogs, donde sus autores escriben a diario, en el caso de “Pienso, luego existo”, sólo he podido hacerlo mensualmente, y a veces un poco más seguido, ya que mi objetivo más que difundir noticias o novedades, que sin duda hago, es exponer un tema que vivido y tratado empíricamente por mi, rescata los mitos y verdades de la teoría, en torno a la joven disciplina de la AI.
En los primeros años, casi todo se relacionaba con Experiencia de usuario, usabilidad, diseño de información y resto de variantes en torno a la arquitectura de información.
En los últimos años, y como proceso natural después de muchos post sobre el mismo tema, he conducido mis reflexiones hacia la categoría que he llamado “Vida digital“. Con este rótulo he querido reunir todas mis cavilaciones respecto del mundo globalizado e hiperconectado que vivimos; sobre cómo lo asume la gente y como yo -con una historia digital más larga que el común de la gente- lo asimila.
Es así como me cuesta maravillarme de tanto nuevo dispositivo, cuando en 1994 navegaba por la más prestigiosas universidades de Estados Unidos a contenidos de las bibliotecas de dichos planteles gracias a Gopher; o cuando en 1996 recibía en España mi primer e-mail de la bibliotecaria de mi universidad en Santiago de Chile. Me cuesta “flipar” con la realidad aumentada, cuando en 1996 conocí a quien preparaba su tesis sobre realidad virtual y ya había experimentado con un casco virtual.
Sí, mi poca capacidad de asombro y visión descreída surge de mis experiencias pasadas. En 1996, en el congreso Idate vi como la gente se llenaba la boca en torno al nuevo dispositivo universal: un televisor con acceso a Internet. Recién ahora, más de una década después, se ven las primeras sinergías de contenido en materia de entretención en formato HD entre televisión e Internet.
En mi blog recibo pocos comentarios, pero los pocos que recibo son sumamente valiosos.
Lo que más recibo son e-mails con solicitudes y peticiones de orientación para tesis de magíster y mucha petición de documentación.
Agradezco a quienes lo hacen aunque a veces mi respuesta sería: está ahí, todo lo que pides está en Internet, es cuestión de que busques, sondees y te metas a fondo a “surfear” en los vericuetos de la World Wide Web, como en los viejos tiempos, cuando el tiempo de descarga de una página web era tan lento que podías leerte el diario tranquilamente esperando
Por esos buenos tiempos cargados de anécdotas, es que celebro anticipamente (ya después estaré muy ocupada con mi bebé que está por nacer) el 7º aniversario de “Pienso, luego existo”.
Con este nuevo look & feel, los invito a seguir leyéndolo y a participar de la lectura para hacer crecer el conocimiento.
Me robaron mi cartera en starbucks de miguel angel frente a sportcity , me di cuenta y una joven...
Hola Malisa...Te cuento que no me extraña nada la actitud del señor Melnick.Trabajé en su...
hola malisa, estoy muy interesada en una información que se encuentra en la guía... te...