Directora de Multiplica Chile,
consultora en Estrategia Online, Persuabilidad, Arquitectura
de Información y Sistemas de Medición para
la Web. Periodista, Magíster en Comunicación
Audiovisual. Coautora del libro "¿Hacia la herramienta
educativa universal: Aprender y enseñar en tiempos
de Internet", 2000.
Corría el año 1994 cuando mi papá -atendiendo a mi
insistente petición de reemplazar mi máquina de escribir electrónica por un
notebook-, me compró mi primer computador personal y fue un laptop Macintosh. En la casa ya había la
típica torre PC pero compartida por todos.
En la tienda Apple de la época donde me lo compró
me lo configuraron para que cada que se encendiera el ordenador, éste me diera
una bienvenida personalizada que decía: “Bienvenida Malisa”.
Recuerdo con gran cariño este equipo en el que
trabajé toda mi tesis de grado. Si bien era un notebook de pocas pulgadas de largo, pesaba bastante. La batería
era inferior y ocupaba el mismo largo y ancho que el teclado. La pantalla era
en blanco y negro y la carcaza de color gris oscuro.
Este computador
me acompañó también a mi aventura académica cuando me fui a estudiar un
magíster en la Universidad Autónoma de Barcelona, en España. Me ayudó con los
trabajos de mis seminarios. La garantía fue excelente, al llegar a BCN tuve
problemas con mi pantalla y respondieron enviándolo a Suiza (según ellos) y en
menos de una semana ya tenía mi equipo de regreso.
Pero llegada la hora de hacer la tesis de magíster,
por razones de precio y memoria RAM, me recomendaron comprar un PC y para peor
una torre.
Este fue el primer impacto a nivel de experiencia de usuario que sufrí en mi
vida digital. De ese Mac delicioso en el que trabajaba con WordPerfect, pasé a
un PC cuya interfaz no comprendía. Todos los botones estaban al revés, todos los cierres y aperturas de ventanas eran diferente, si hasta el teclado era
diferente! Se generaban una serie de archivos temporales que no entendía…Vaya…
qué desilusión. Que tontera la mía también de no haberme asesorado mejor.
Cuando me desprendí de ese Mac se lo vendí a una
compañera chilena que lo adoró desde el primer momento también y cuando se
marchó con él y su taquillero bolso me despedí casi como si fuese un compañero
entrañable de toda la vida.
Sé que leer esto puede parecer exagerado, pero sé
también que sólo los fanáticos de Mac pueden comprenderme.
Ahora todo pasa por nuestra curva de aprendizaje y
nuestra flexibilidad al cambio y nuestro estilo cognitiva.
Con PC me acostumbré a trabajar con toda la suite
de Office, incluido Outlook del cual hace poco me desprendí. Dicho cambio ha
sido otro nuevo vuelco en la forma de trabajar los mails, contactos, notas,
etc.
Hace un mes me compré un iPhone, porque salvo por los e-mails, la blackberry no me daba
calidad de interfaz en sus prestaciones como yo quería. Este cambió impactó la
sincronización con Outlook y opté por dejar el software de escritorio, por un
sistema webmail como es Gmail; concretamente el que se usa en Multiplica.
La lógica de Gmail hasta ahora no la comprendo. Mi
pensamiento cognitivo no opera bajo los sistemas de búsqueda, sino de
navegación y creación de carpetas y subcarpetas que organizo y con gran gusto
(tengo alma de bibliotecaria y deseo frustrado de diseñadora, tal vez por eso
llegué a la arquitectura de información ;-) Para mi es incomprensible que en la
lista de “Recibidos” esté el último mail en relación con un “Asunto” y que
buscarlos por separados sea imposible, o al menos aún no logro configurarlos de
esa forma.
En menos de 1 mes se me vinieron 2 grandes cambios
a los que me ha costado acostumbrarme y donde me acuerdo de las quejas de mis
padres cada vez que se enfrentan a su computador. El tema también impacta la
productividad, ya que me considera bastante rápida para trabajar y muy
multitask.
Primero la experiencia touch screen me costó mucho asimilar. Más que poco intuitivas, me
costó comenzar a experimentar, atreverme a equivocarme, ya que en el mundo
Microsoft viví traumáticas experiencias como marcar la opción “No” en vez de
“Sí” para guardar un archivo de 1 mes de trabajo, sólo porque la disposición de
los botones era exactamente opuesta a la que estaba acostumbrada con
WordPerfect.
Fruto de este cambio a iPhone y dado un
requerimiento, esta semana adquirí después de 15 años mi segundo Mac. Ahora el
equipo es blanco en vez de gris, pesa 1/3 de lo que pesaba el equipo original.
Las prestaciones son increíbles, el precio compite fácilmente con el valor
comercial de cualquier notebook de sus características.
Y sin embargo, pese a este fanatismo, mi
experiencia ha sido estresante. He tenido que volver a reconocer la lógica de
despliegue de ventanas, de almacenamiento
de archivos, de ubicación de botones, de lógica de navegación central para
los comandos principales, en fin… me he convertido en un dinosaurio de la noche a la mañana.
Los chicos en mi oficina me ayudan con soporte,
pero deben estar aburridos de mis preguntas obvias y de este “cacho” de mujer
no nativa que tienen por jefa. Sin embargo, yo me pregunto si Mac es el rey de
lo intuitivo a nivel de interfaz y
usabilidad, ¿por qué una persona que trabaja con computadores desde 1989 y
navega desde 1994, le está costando desaprender y volver a aprender? Ya no me
achaquen la edad ;-)
La experiencia de usuario es relativa según cada
persona, pero los estándares deberían ser los mismos y no pretender “innovar”
en algo que debiera transformarse en estándares
básicos de usabilidad. Aún alucino porque en el mundo ergonómico de los
controles remotos aún no existe ese estándar generalizado y hasta mi hijo de 4
años se da cuenta y me dice “qué lesos los fabricantes”.
La lucha Apple/Microsoft y/o Mac/Windows nunca se
superará, por ello confío que en nuestro trabajo como Arquitectos de Información, influiremos en que al menos los sitios web, las aplicaciones web-enabled, los programas OpenSource que estamos conceptualizando
y diseñando cumplan con criterios básicos de lógica de despliegue a nivel de
interfaz de manera que le facilitemos la vida al usuario y éste deje de sentirse tonto por no ser capaz de aprender
en un pis plas cómo funciona un programa, cómo pagar una cuenta o cómo abrir un
archivo.
Pretender inventar la rueda a esta alturas no sólo
es pretencioso, es inútil. Y en esto dispositivos
móviles, VoD, videojuegos, ATM,
sistemas de autoservicios, deberían sacar lecciones y aprender.